Mostrando entradas con la etiqueta Click. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Click. Mostrar todas las entradas

6 jun 2013

Defensa de la derrota.


Se apoyará, primero, los brazos estirados, las palmas de las manos contra la pared. Respirará hondo y acompasadamente varias veces, hasta que el frío de la pared le llegue. Cerrará los ojos, no mucho tiempo. Sentirá entonces, penetrándole, un reposo húmedo. Será la tristeza. Algo tibio. Intimo, casi fraterno. Decididamente poético. Eso. Poético. Se sentará entonces, sin mirar a nadie. Le punzarán algunas miradas furtivas. De reojo. No deberá hablar casi. Ni insultar. Deberá callar largamente. Sentirá entonces, creciéndole, un orgullo callado, quieto. Será la dignidad. Lo tomará del hombro, llenando con blandura el silencio que acompaña a los fracasos. No deberá llorar. Nunca. Tal vez apretar fuertemente la mandíbula. Un instante. Se pondrá de pie. Sentirá entonces, en el pecho, detrás de los labios, un escozor denso y aguachento. Será el romanticismo, que envuelve en una gasa tenue todas las derrotas. Tomará entonces su frágil fama, su trémulo orgullo antes impecable, se vestirá con ellos cuidadosamente, casi con cariño, y se marchará. No habrá las historias resonantes de la victoria, las felicitaciones sofocantes de la victoria. Estará solo. Y tendrá que caminar lento, pero no muy lento. Una mano en el bolsillo y un gesto vacío en la cara. Apenas una palidez quebradiza en la piel cubierta paternalmente por la solapa levantada. No habrá ni un solo amigo. Ni uno. O tal vez uno que respetará el momento, el silencio, la tristeza, que dejará caer casi con temor, o con respeto, una palmada leve sobre el hombro, como temiendo romper algo, como temiendo que se le desprenda al vencido ese fino revoque de melancolía, de nostalgia.
El vencido sacudirá una vez la cabeza, o dos, en agradecimiento, sin hablar, porque una palabra, un gesto amartillado en falso, puede precipitar el llanto. Y el vencido digno no se permitirá llorar ante terceros. Se marchará solo. Se preparará en su casa un café fuerte, negro, espeso y caliente. Se tomará la cara con las dos manos, para apretarse aun más sobre los párpados esa poesía inútil de las derrotas. Para fijarse sobre los pómulos todo el romanticismo suave e impalpable de las derrotas. Se podrá permitir, ahora sí, un gesto nervioso, un puñetazo corto y duro al aire dulzón de la cocina o bien sobre la mesa. Se podrá permitir, ahora sí, llorar con un llanto comprimido, convulsivo, desesperado y hondo contra el marco de la puerta del comedor. Deberá luego lavarse la cara, secarse los ojos con una toalla. Mirarse al espejo preguntándose si tenía realmente necesidad de llorar.
Y se sentará en el sillón de mimbre.
Tomará su café. No se sentirá tan mal, después de todo.                                                                    
 
" No estas deprimido.
                                                                        Estas distraido..."

20 may 2013

¿De eso se trata no? De tropezar y volverse a levantar.
Voy  a ser sincera, hace mucho no lloraba así. Y si, al principio fueron lagrimas de bronca, que se fueron convirtiendo en emoción. Hoy a la tarde tuve  miedo, enojo, bronca, ganas de volver el tiempo atrás, de no crecer nunca. Despues en la clase de movimiento, me di cuenta con que poco uno puede ser feliz. Con el simple hecho de mirar lo que nos rodea. Mirar al frente, arriba, abajo, el pasado, el presente, el futuro y alguna especie de paraíso. Y todas las cosas que aparecieron. Tristeza, miedo, angustia y felicidad. Felicidad de estar haciendo lo que me gusta, de estar rodeada de gente maravillosa, y de entender, que a veces hace falta tropezar y caer, para levantarme y avanzar con mas ganas.
Hoy me siento mas viva que nunca, y este es el click que necesitaba para podes entender que si no disfruto lo que hago, no tiene sentido seguir haciendolo.
Hoy quiero seguir, lento, no interesa, pero seguir, no determe ni retroceder nunca más.


Ya esta en el aire girando mi moneda, y que sea lo que sea...

10 feb 2013

¿Habrá que hacer un click?

Ya es febrero, y aunque no sea 29 le arranca el hígado a los distraídos, el hígado, el corazón, los ovarios, y  las vellosidades nasales. Todo, febrero arrasa con todo lo que se interponga en su camino... o por lo menos en mi miserable vida siempre fue así, es algo crónico. Llega febrero y ahí es donde caigo que ya paso un mes de un año nuevo y que las responsabilidades empiezan a caer sobre mis hombros como bolsas de arena. Pero este febrero es diferente, y me sentiría monotematica si repito otra vez que tengo miedo de crecer pero claramente el sentimiento se apodera de mi.
Se apodera de mi el miedo, y las ganas de escupirle la cara a Rodrigo cada vez que me habla y me deja hasta las manos como siempre, y yo ahí sentada adelante de un monitor, con una sonrisa idiota pintada al oleo en la cara, y vos allá en tu casa, buscando algún imbécil para no aburrirte mientras tu novia y tus viejos están vacacionando vaya a saber donde (por que no me interesa, y no te pienso preguntar) y seguís siendo es mismo forro y creído de siempre, y me gustas mas que nunca. Aunque después de todo si no soy feliz, es todo mi culpa, por estar aferrada a algo que nunca tuve, que no tengo y que posiblemente nunca tenga. Me re contra cabe auto flagelarme con vos, hijo de una gran... no, tu mamá es una divina... la concha de tu puta novia me gusta mas.
Que febrero  y este domingo tan pero tan violento se apiade de mi.
Mientras tanto, a escuchar este temono ,que es lo único que hice en todo el día desde que me levante.