Revolucionar es amar, materializar en un instante la dicha de estar vivos, revolucionar porsupuesto que es bailar.
En el bailar, en la revolución y en el amar no hay términos medios. Cuando no se revoluciona lo suficiente no se ama demasiado.
El amor nos salvará, el amor nos abrirá mil puertas, el amor nos dará felicidad, sólo si ustedes abren sus corazones y ayudan al amor. El amor no sólo es conseguir una novia en un baile, formar una familia, no, señores, el amor es el sentimiento que actúa, va más allá de todo, el amor es el sentimiento revolucionario número uno, es el germen, la materia prima de la vida, es lo invisible que se dispersa por el aire y toca todas las cosas, la mente de los caballos, los árboles, los lagos e incluso las armas y el corazón de nuestro enemigo... porque también hay un odiar en el amar... y a veces ese odio, por ejemplo, hacia nuestros invasores, es mas interesante que todos los amores que podamos sentir; el odio es mas fuerte que el amor al padre y a los hijos y a la mujer; el odio incluso, ese odio esperanzador es mas fuerte que el amor a nosotros mismos... la revolución somos nosotros, pero ojo, no hay una revolución de unos y una revolución de otros, hay una única, liberadora revolución 'en el hacer diario' y esa pueden vivirla y soñarla todos los seres humanos y ¡hasta los animales mas horrendos!... pero atenti, ¿hay animales horrendos?, la cucharacha, la rata, la vibora, son horrendos para el ser humano, así como son los negros y mañana serpán los judíos y trasmañana serán los arábes y siempre serán los pobres. ¡Luchen contra esto, devuélvanle su lugar a la rata, a la lagartija, al hombre humilde, al florido ciprés, no lo tumben!
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